Imagen PISTAS PASTORALES PARA UN NUEVO CURSO (I)

1.Atender y consolidar con más formación y conocimiento de la Palabra al GRUPO DE LECTORES. Indicarles algunos gestos de reverencia hacia el altar; pausas entre lecturas y salmo; que la antífona la repite la asamblea no el lector; que no hay que decir “primera, segunda lectura o salmo responsorial”. Por otro lado, el lector, no es un elemento extraño a la celebración. Conviene situarlo cerca del altar y que, por otra parte, no se haga esperar su intervención.

 

2.Promocionar el templo (como espacio sagrado) para la oración personal, la visita o la Adoración al Santísimo. La parroquia no solamente ha de ser un lugar celebrativo (o estación de servicios) sino, además, un área de recogimiento, de crecimiento y de reencuentro personal con Dios.

 

3.Dignificar el canto litúrgico. No todo vale y, desgraciadamente, no todo lo estamos haciendo bien. El canto está al servicio de la liturgia y, por lo tanto, no es el centro ni el atractivo de la misma. Puede, perfectamente, existir liturgia sin canto pero no canto sin liturgia. A veces, el canto, invade excesivamente el Misterio que se celebra.

 

4.La caridad, como lógica y consecuencia de la identidad cristiana, ha de jugar un papel determinante en el tejido de las actividades parroquiales. No olvidemos que, el cristiano, ha de ser caritativo que es mucho más que solidario. A veces la solidaridad se inclina sólo en una determinada dirección. La caridad, por el contrario, no tiene límites. Alcanza a todos sin condicionante ideológico, físico o incluso espiritual.

 

5.La escasez de vocaciones urge, entre otras cosas, la formación de un voluntariado de enfermos.Ha de ser una iniciativa no meramente informativa sino efectiva. Las visitas a los enfermos han de incluir, cuando haga falta, una ayuda en la higiene de las personas y de las casas. Respetando, por supuesto, y nunca menoscabando los deseos de los atendidos.

 

6.La catequesis, lejos de ser un expediente “para”…ha de contribuir a integrar a los/as catequizados/as en la dinámica pastoral de la parroquia. No es de recibo establecer un paralelismo entre “voy a catequesis” y por lo tanto “no hace falta ir a misa”. Asignatura pendiente: la eucaristía dominical ha de ser imprescindible para tomar conciencia de que se pertenece a la familia parroquial y, además, como centro de la vida cristiana.

 

7.La Religiosidad Popular puede ser positiva o negativa en la Nueva Evangelización. Si contribuye a la conversión personal, a la toma de conciencia eclesial, al compromiso activo a favor de los más pobres, a la participación en la vida litúrgica de la Iglesia será positiva. En cambio si la Religiosidad Popular se divorcia del aspecto sagrado, religioso, comunitario o eclesial, puede caer en un sincretismo de pura tradición pero sin Evangelio vivido.

 

8.En el planteamiento pastoral de una parroquia siempre ha de surgir un interrogante: ¿Qué hago por los demás? ¿Qué puedo hacer yo? No hay que olvidar que, la parroquia, es tarea de todos. Desgraciadamente el concepto de “a mí me lo den todo” es una consecuencia de una pastoral de funcionariado y no de profecía, anuncio y denuncia. El hacerlo todo “como siempre se ha hecho” no es la mejor opción para abrir nuevos caminos.  Es mejor poco entre muchos que mucho para pocos.

 

9.La Liturgia, como el momento donde se expresa la acción salvífica por parte de Dios y la presencia de toda la Iglesia, ha de contar con los elementos necesarios que sean, visualmente, una gran catequesis: acólitos, lectores, salmistas, coro, voluntarios para las colectas, rosarieros/as, etc.  Importante hacer caer en la cuenta de que,  los fieles, han de estar cerca del altar. Eso será expresión de la sensibilidad hacia lo sagrado. El pueblo no es un ente extraño o meros espectadores de lo que acontece en el presbiterio ni, el sacerdote, es un actor que actúa libremente y al margen de la asamblea.

 

10. Recientemente el Papa Francisco lanzaba estas mismas preguntas: “La Iglesia somos todos: desde el niño bautizado recientemente hasta los obispos, el Papa; todos somos Iglesia y todos somos iguales a los ojos de Dios. Todos estamos llamados a colaborar al nacimiento a la fe de nuevos cristianos, todos estamos llamados a ser educadores en la fe, y a anunciar el Evangelio. Que cada uno de nosotros se pregunte: ¿qué hago yo para que otros puedan compartir la fe cristiana? ¿Soy fecundo en mi fe o soy cerrado?” (Audiencia 11-XI-2013).

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