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Carta del Maestro de la Orden
. Queridos hermanos y hermanas, Dentro de pocos días, para la fiesta de la Epifanía, cerraremos el año del jubileo agradeciendo al Señor por ochocientos (800) años de vida otorgados a nuestras monjas de la Orden. Ha sido un año de muchas bendiciones tanto para la Orden como para la Iglesia en general. He tenido el gran gusto de observar las numerosas iniciativas tomadas por nuestras monjas. Se han publicado libros, escrito himnos, iniciado nuevas investigaciones sobre las antiguas fundaciones y su oración contemplativa ha sido y continúa siendo renovada. En efecto, toda la Orden ha llegado a obtener una mayor apreciación de que las monjas están en el corazón de la Orden y que la base de nuestra predicación no es nada menos que la contemplación profunda de nuestra fe. Creo que la renovación de la vida de nuestras monjas está directamente relacionada a la renovación de toda la Orden. Mientras este año del jubileo avanza hacia su fin, nos proponemos comenzar una novena de años que culminaría con el jubileo del 2016, 800 años de la confirmación de la Orden de Predicadores por el Papa. Los capitulares del reciente Capítulo General en Bogotá han pedido que el tiempo entre estos dos años de jubileo (2006 – 2016) sea consagrado a una seria renovación de nuestra vida y misión de predicadores. (Capítulo General de Bogotá #51) Por tanto, deseo invitar a toda entidad de la Orden, comunidades e individuos en ella, a iniciar el largo proceso de renovación a través de reflexión, decisión y acción en relación a todo lo que incumbe con nuestra vida de predicadores del Evangelio. Para dar enfoque a este primer año propongo que empecemos por la renovación de nuestra vida de predicadores a través de un redescubrir del rosario, como medio de contemplación e instrumento para la predicación profética. Aunque ya el rosario se nos ha escapado de las manos de varias maneras como una contribución particularmente dominicana a la vida de la iglesia, sin embargo, él perdura al mismo tiempo con mucha vida entre nosotros. Les ofrezco con esta carta una meditación modesta sobre el rosario partiendo desde el punto de vista de la memoria, la reflexión teológica y la piedad popular. 1. Memoria Permítanme evocar algunas de mis propias memorias que espero también despierten en ustedes algunas de las propias. Los recuerdos son importantes para forjar nuestra identidad, dar cuerpo a nuestras ideas y para permitirnos revivir y re-interpretar eventos claves de nuestra vida. Mi primer recuerdo del rosario remonta a mis primeros años en el Colegio Champagnat de los hermanos Maristas en Buenos Aires con el primer rosario que tuve en mis manos. Los hermanos nos inculcaron un verdadero amor a María como madre que nos ama incondicionalmente y que intercede por sus amados hijos e hijas, la María del Evangelio de San Juan. Por supuesto se celebraba el mes de María con procesiones, rosarios y letanías. Ya de joven portaba una decena del rosario en mi bolsillo. La repetición del Padre Nuestro, el Ave María y el Gloria permitían que esta oración se arraigara profundamente en mi vida. |
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El día 28 de junio coincide con la apertura del Año jubilar de S. Pablo. 
Algunas páginas que nos ayudarán a caminar en el espíritu de este año. viajes apostólicos paulinos utilizando los recursos digitales de Google. Página oficial: año paulino ¿Qué pretende Benedicto XVI con este año jubilar paulino? La respuesta nos la ha dado el mismo Papa: aprovechar esta ocasión para unirnos más profundamente a Cristo mediante la fe, la esperanza y el amor, y para dar testimonio de él ante nuestra sociedad de hoy. ¿No es verdad que a los cristianos de hoy se nos echan encima los miedos y las dificultades cuando nos planteamos dar testimonio de Cristo? ¿Y no nos paraliza el temor a no ser escuchados? “Por sus cartas sabemos –ha escrito el Santo Padre- que San Pablo no sabía hablar muy bien; más aún, compartía con Moisés y Jeremías la falta de talento oratorio. ‘Su presencia física es pobre y su palabra despreciable’ (2 Cor. 10, 10). Por lo tanto, los extraordinarios resultados apostólicos que pudo conseguir no se deben atribuir a una brillante retórica o a refinadas estrategias apologéticas y misioneras. El éxito de su apostolado depende, sobre todo, de su compromiso personal al anunciar el Evangelio con total entrega a Cristo.” Pablo fue “alcanzado por Jesucristo” y llegó a escribir que todo lo consideraba basura comparado con el conocimiento de Cristo, su Señor. Acercarse a San Pablo, leer y meditar sus cartas contribuirá a que el Año Paulino nos ayudé a profundizar en la fe viva. La que transforma y nos injerta en Jesucristo. La fe que nos capacita para amar con ese amor que disculpa siempre, que no es mal educado ni egoísta, que no lleva cuentas del mal… (1Co 13, 4-7). |
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