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ERA AMIGO DE TRATAR CON TODOS Y A TODOS ANIMABA EN EL CAMINO DEL CIELO

22 diciembre, 2010

SAN FRANCISCO COLL i GUITART, sacerdote dominico. Fundador de la Congregación de HERMANAS DOMINICAS DE LA ANUNCIATA. Canonizado por Benedicto XVI en Roma, el 11 de octubre de 2009.

Vamos presentando aspectos de la Vida de San Francisco Coll. Aspectos relativos a su vida de relación con los demás, vida espiritual y vida sacerdotal y dominicana. Son testimonios que destacan su manera de ser, sus virtudes, sus hábitos y nos van revelando quién era el Centro de su vida.

Las frases o relatos que irán apareciendo se encuentran en el libro TESTIMONIOS, escrito por el P. Vito T. Gómez op. Magnífica Obra que recoge infinidad de testimonios de personas que conocieron al Padre Coll, convivieron con él y otras que escucharon lo que de él se decía. Destacan los testimonios de las primeras Hermanas de la Congregación, quienes recibieron directamente sus enseñanzas sobre la vida religiosa de una Dominica de la Anunciata, objetivos de la Fundación y estilo a seguir.

La Obra Testimonios, al igual que otros escritos sobre Francisco Coll: Obras completas, biografía, se puede consultar en la BIBLIOTECA DIGITAL de esta misma web.

Acudía por las mañanas a la iglesia antes de su apertura; transcurría en ella largos ratos de oración; atendía el confesonario, tenía organizada la catequesis, visitaba enfermos, ayudaba a los pobres y desamparados, era amigo de tratar con todos y a todos animaba en el camino del cielo. Su pregunta frecuente era ésta: “¿Queréis ir al cielo?”.

 

Su vida estaba impregnada de sencillez y austeridad. Su aposento brillaba por la pobreza, religiosidad y limpieza. Tenía una mesita, dos sillas, la cama, un crucifijo y un díptico con la imagen de la Santísima Trinidad a un lado y la Virgen de los Dolores al otro; lo tenía siempre abierto ante sí y a veces lo encontraban arrodillado en profunda adoración del misterio; contemplándolo preparaba también sus sermones.

No se echaba atrás ante la penitencia; cumplía las observancias que le prescribían las Constituciones dominicanas y añadía otras al dictado de su intensísimo amor a Dios y a sus hermanos los hombres; usaba frecuentemente disciplinas y cilicios; algunos de aquellos instrumentos de penitencia se conservan en el Museo que tiene dedicado en Vic.