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DOMINGO DE GUZMÁN (II)

8 agosto, 2019

Aproximación a la oración de un hombre evangélico · Hna. Umbelina del Barrio · Revista Anunciata

CARACTERÍSTICAS DE LA ORACIÓN DE DOMINGO

  1. ORACIÓN EVANGÉLICA

La oración de Domingo es una oración EVANGÉLICA. Bajo cualquier aspecto que se mire, la encontramos como una repetición de la oración de Jesús. En ella vemos reflejadas las actitudes que exige, cuando enseña a orar a sus discípulos. Casi podría establecerse entre ellas un paralelo perfecto. Me limito a resaltar algunos rasgos que las asemejan.

Como Jesús, -que ya a los doce años se queda en el Templo interesándose por las cosas de su Padre, escudriñando las Escrituras, preguntando y respondiendo (Lc 2, 46-50)-. Domingo aprende ya desde niño a rezar, dirigiéndose al Padre: a leer e imitar a los Padres del desierto y sobre todo a leer con asiduidad e interés la Sagrada Escritura.

El Templo era para Jesús “Casa de Oración” (Lc 4,14;4,16;13,10;21,37-38)

Domingo pasa las noches en la iglesia, sea en la del convento, sea en la de los pueblos donde predica, o en las que frecuenta de camino en sus viajes apostólicos.

Los testigos de la canonización y sus biógrafos son unánimes al destacar este aspecto de la oración de Domingo. Y es que algunos de los frailes, curiosos y admirados le vigilan noche tras noche. Observan sus movimientos, oyen sus sollozos y le ven emocionarse ante la imagen de Cristo Salvador. Uno de ellos, fray Bonuiso de Placenza,

“declaró que tenía esta costumbre, a saber: que cuando sus frailes salían de la iglesia después de Completas para ir a dormir, el bienaventurado Domingo se ocultaba en la iglesia para orar. Y el mismo testigo, como quisiera conocer qué es lo que hacía el bienaventurado Fray Domingo en la iglesia, se escondió muchas veces en ella, y le oía, rezar al Señor…”

El Seños se retira a lugares solitarios para orar (Lc 4,42). Sus discípulos saben que pasa la noche en oración (Lc 6,12) y que lo hace con asiduidad (Lc 21,37). Por eso puede invitar a los suyos a orar siempre.

Tanto Jesús (Lc 3,21-22;9,28 ss) como Domingo, son para sus discípulos un testimonio de oración. Oran en presencia de sus compañeros y de ahí surge en éstos el deseo de orar como el Maestro (Lc 11,1-4 y ss).

Ante la petición de los apóstoles, “Señor, enséñanos a orar”, Jesús les enseña: les dice cómo han de orar, qué actitudes han de tener, etc. En fin, cómo se han de dirigir al Padre. Pero no les impone su ritmo de oración. Queda su testimonio, para que lo imiten aquéllos a quienes sea dado.

El Maestro Domingo no escribe ningún tratado de oración, ni consta que explicase demasiado sobre el tema, invitaba a orar siempre, a rezar con fervor el Oficio divino y a tener las mismas actitudes que Jesús pidió en el Evangelio.

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