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EN NUESTRO ROSTRO EL SE DARA A CONOCER

12 marzo, 2019

2 Domingo de Cuaresma ciclo C

Lucas 9, 28-36 

En el libro del  Génesis,  la vocación de ABRAHAM es una luz sobre la vocación de todo el pueblo. Obedeciendo a Dios, él conocía el éxito: Ofrecer al Señor un acto de confianza y ofrecerse a sí mismo.

En la epístola a los Filipenses, San Pablo se dirige a esta comunidad que le es muy querida, mientras él está en prisión, explica su tristeza por ver a la gente que renuncian a avanzar. Ellos no están realmente vueltos hacia Dios; se dejan llevar  por sus instintos más primarios. El verdadero sentido  de la vida es la vida nueva, don del Señor. Que nunca olviden que son ciudadanos del cielo desde el momento de su bautismo. Que resistan a pesar  de todos los obstáculos…

En el evangelio, Jesús se transfigura glorioso, prefigurando su resurrección. San Lucas nos invita a ir al encuentro de Jesús, verdadero hombre y verdadero Dios, Hijo de Dios Salvador. Este camino nos lleva a la Pascua y nos revela quién se esconde detrás de la figura del crucificado y del  resucitado. San Lucas nos está preparando ya para el misterio pascual.

Jesús cumple las escrituras, la ley y los profetas

La montaña es el lugar de la transfiguración, donde también Moisés y Elías experimentaron el encuentro con Dios. Es en la montaña donde Moisés se encuentra cara a cara con el Señor y le fue dada la Ley. Moisés es toda la Torá, toda la ley. Él es el legislador que guía el pueblo hacia la libertad y la tierra prometida. Jesús es el nuevo Moisés.

Elías es el profeta de la fe integra. El que realizará los mismos milagros que Jesús, el que va a anunciar  y proclamar  la Palabra de Dios a riesgo de su vida. Él encarna la Palabra en toda su belleza y rigor, él es el Profeta. Jesús es el nuevo Elías.

Jesús es el nuevo legislador, él es quien salvará y guiará al pueblo  para liberarlo de la esclavitud del pecado y de la muerte. Él es quien lo  alimentará con su propio cuerpo. Jesús es el Verbo encarnado, el profeta por excelencia, la integridad de la fe.

Jesús es la nueva Ley, la Palabra cumplida, él es la Gloria del Padre. A través de él, como antes con Moisés y Elías, es el mismo Padre que se da para ser visto y contemplado. San Lucas nos dice que detrás de Jesús crucificado, el hijo de David y de José, está el mismo rostro, la misma gloria de Dios que se manifiesta y se revela. Estamos llamados a creer en El.

El Hijo de Dios es el que se deja transfigurar por su encuentro con Dios

Por nuestro bautismo nos convertimos en hijos de Dios. El hijo de Dios, siguiendo a Cristo, es el que, como Moisés y Elías, muestra a través de su vida la gloria de Dios. El hijo de Dios es el que revela a los hombres la gloria de Dios. Siguiendo a Cristo, cada uno de nosotros debe ser transfigurado e iluminado por la Gloria de Dios. La ley y los profetas nos dicen que el hombre, salvado y liberado, es capaz de ser transfigurado y entrar en la gloria de Dios.

La gloria de Dios, revelada a Moisés y a Elías en el desierto, es la que pasa por la cruz y el Gólgota. El cristiano es el que ha pasado por  el desierto  con Cristo y ha resucitado con Él; es él quien se transfigura con Cristo para revelar a los hombres la gloria de Dios y su amor por la humanidad. El cristiano es el que pasó por el desierto con Moisés, es quien se alimentó de la Palabra con Elías, es el que da a ver, con su propia vida, el mensaje de amor, justicia y salvación. La salvación universal que Cristo le dejó. ¿Qué lugar ocupa la Palabra de Dios en nuestra vida? ¿Me tomo el tiempo para meditarla, para vivirla?

El tiempo de Cuaresma es el tiempo del desierto y el encuentro con Dios, es el momento en que uno va a la montaña para dejarse transformar y transfigurar por él. Es la invitación a saber estar en soledad para vivir una verdadera comunión con Dios. Seamos ORACIÓN para transfigurar nuestra vida, viviéndola con el Señor. El sufrimiento no desaparecerá, pero el Señor nos ayudará a convertirlo en Paz, incluso en Alegría. En la vida de un cristiano, es necesario cuidar los momentos fuertes de la oración. Jesús habló a menudo sobre la ORACIÓN a sus discípulos, porque  la doctrina que no se convierte en experiencia es vana… Aquí vemos que Jesús lleva a tres de sus apóstoles a vivir una experiencia de oración. Suben a una montaña, se aíslan de los ruidos de la tierra para contemplar la Gloria de Jesús y sus santos. Entonces, no nos desanimemos si encontramos dificultades para ORAR… así es como alcanzaremos la alegría del descanso en Dios. Con la ayuda del Espíritu Santo, escalaremos montañas de distracciones u obligaciones que creamos nosotros mismos… “No tengo tiempo”“Tengo que reunirme con tal  persona” etc. ¡Hay tantas razones!.

Este domingo tiene un papel decisivo en la Cuaresma: guiarnos al Viacrucis y al camino hacia la cruz, a escuchar las Escrituras y al diálogo filial, animado por una vida de fe, esperanza y humildad, a la ofrenda de nuestras miserias y al encuentro con  los pobres. Se trata de contemplar a Dios y compartir los frutos de nuestra contemplación con nuestros hermanos y hermanas.

Que el Señor nos conceda la gracia de contemplarlo durante este tiempo de Cuaresma. Que El nos dé el saber estar en soledad y silencio para poder escucharlo en verdad. Será entonces cuando podrá enviarnos a nuestros hermanos y, por su poder, “en nuestro rostro Él se dará a conocer”.

Hermana Dorothée Béatrice ANZIE

Vicariato “Saint François Coll”