NOTICIAS

UN HOMBRE DEL ESPÍRITU

12 junio, 2019

Hemos vivido recientemente un nuevo Pentecostés y, naturalmente, se nos viene a la mente indagar sobre la relación entre el Padre Coll y el Espíritu Santo. Como predicador, se ha dicho que “El Santísimo Rosario, lo que equivale a decir las alabanzas a María, fue su tema de predicación inagotable” (carta del Padre Enrich, Testimonios p. 586[1]), lo cual nos da la pauta de que no habrá dejado de meditar, reflexionar y anunciar muchísimas veces el  tercer misterio de gloria que recuerda el acontecimiento de Pentecostés. En sus escritos Pastorales, como La Hermosa Rosa, podemos encontrar algunas de esas reflexiones.

Pero hay otra manera de reconocer esta relación. Jesús mismo nos da la clave: “Por sus frutos los conoceréis…” (Mt 7, 16). Más allá de su predicación, podemos vislumbrar la presencia del Espíritu Santo en Francisco Coll contemplando sus frutos. ¿Y cuáles son esos frutos? Ya nos lo dice San Pablo: «el fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio de sí; contra tales cosas no hay ley. Si vivimos según el Espíritu, obremos también según el Espíritu» (Gál 5, 22-23.25). Así que volvemos a las fuentes en la búsqueda de esos posibles frutos. Y la verdad es que hemos encontrado tanto, que aquí solo va una pequeña muestra…

AMOR A DIOS: “No solo poseía y estaba abrasado en la Caridad para con Dios, sino que podría decirse que era un volcán de amor a Dios … Se condolía de que los demás no amaran a Dios como se debe, por eso decía a menudo que si podía [pudiera] haría píldoras de amor de Dios y las repartiría a todo el mundo”. (Testimonio de H. Inés Pujols)

AMOR AL PRÓJIMO: “Su caridad era grandísima tanto en las palabras como en las obras, pues lo demostró cediendo todo lo que ganaba a los pobres y a la Comunidad». (T. de H. Rosa Avellana) «Se hizo singular con ellos [los pobres], visitaba a los enfermos, auxiliaba a los moribundos». (T. de H. Sabina Morer)

 ALEGRÍA: “Procuraba ser chistoso en las recreaciones, y reprendía a las que, por una mala entendida  virtud, en los ratos de recreación se cerraban en un silencio sepulcral. Habiendo notado que una Hermana no asistía a la recreación, la preguntó la causa; y aunque le contestó que para pensar más en Dios, la mandó asistir, diciendo: ‘la alegría libra de muchas tentaciones’». (T. de H. Rosa Sala)

PAZ: “Fue para esta parroquia un ángel de paz … En aquellos días, en que tan exaltados estaban los ánimos,  con su ejemplo, predicación … y con sus familiares conversaciones dulces y amables, apagó muchos odios y llevó la paz a muchas familias”. (T. de M. Isidro Dalmau)                                                                                                                                              

PACIENCIA: “Jamás desistió el Siervo de Dios de llevar adelante la obra de su Congregación por grandes que fuesen los obstáculos y dificultades con que tropezó en los comienzos de la misma, sino que los sobrellevaba con tanta paciencia y fortaleza, que decía … que daría gustoso su vida por las [Hermanas] que estaban ya admitidas”. (T. del P. Lesmes Alalde)

 AFABILIDAD: “Su trato era sumamente familiar, su porte ordinario, su traje pobre, y tan humilde de corazón, que se hacía sumamente simpático a los conocidos, a quienes saludaba con gracia y efusión”. (T. de H. Concepción Vila)

MANSEDUMBRE: “Su carácter manso y humilde, arrebataba el corazón de las Hermanas cuando iba por las Casas-filiales, tanto que todos solían exponerle sus penas y alegrías”. (Testimonio de H. Rosa Farrés)

DOMINIO DE SÍ: “Predicando una novena de almas en la parroquia de Sallent … a consecuencia de un ataque que tuvo por la noche, se quedó sin vista. Por la mañana al ver el Sr. Cura Párroco que siendo ya tarde no se había levantado el Siervo de Dios, entró por si le ocurría algo, y el P. Coll se dio cuenta que estaba ciego, sin dar muestra alguna de impaciencia, ni perturbación de espíritu … Fue conducido a Barcelona a un oculista facultativo, regresando después el mismo día a Sallent, donde continuó, ciego como estaba, su novenario de almas, habiendo obtenido grandes frutos…”. (T. de H. Inés Pujols)

Sobran los comentarios… de la abundancia del corazón habla la boca… ¡y habla la vida!

+Padre Coll: enséñanos esa docilidad a la acción del Espíritu que lo transforma todo.

[1] Todos los testimonios están tomados del libro Francisco Coll, O.P. Testimonios (1812 – 1931), Vito T. Gómez García, OP, Valencia, HH. Dominicas de la Anunciata, 1993

Hna. Luciana Farfalla