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II DOMINGO DE ADVIENTO · REFLEXIÓN SOBRE LA PALABRA

4 diciembre, 2018

Lecturas del II Domingo de Adviento

“El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres”(Salmo 125).

Con esta frase del Salmo quiero comenzar a compartir mi pequeña reflexión.

Sí, El Señor siempre esta grande con nosotros, por ello, como Juan Bautista, queremos abrir el camino del corazón en este segundo Domingo de Adviento para despojarnos de todo aquello que nos llena de tristeza, de vacío, que nos instala en nuestras seguridades; para dejar que Jesús, que es “Paz en la Justicia“, nos guié; para llenar de su Misericordia y su Amor incondicional, los abismos que nos encontramos en la vida.

Él nos invita a consolar, a estar atentas para llevar a la humanidad, a los que viven en soledad, la ternura de Dios que se derrama a través de nuestros gestos cotidianos. No tengamos miedo a ser sus testigos aunque sea a contracorriente.

Preparad el camino al Señor

Es allanar la situación de tantos emigrantes que ven frustrados sus sueños de vivir con dignidad… acogiéndolos, escuchándoles acompañándoles desde nuestra presencia, solidaridad, oración; sensibilizando y aportando nuestro testimonio de mujeres consagradas que no tienen miedo a los diferentes porque todos somos hijos y hijas de un mismo Padre.

Es escuchar a tantos niños, adolescentes y jóvenes que viven “conectados” a miles de amigos por la red, pero se sienten solos, porque hay un abismo de indiferencia, estrés, trabajo, consumismo…

El tiempo no es encuentro, gratuidad, regalo…es consumido pero sin ser vivido.

Hay muchas ofertas espirituales pero puede que nos olvidamos de vivir con ojos abiertos y de ser como el profeta una voz que molesta, porque

llama a ir más allá de lo establecido, porque llama a ir por el camino de Jesús. Un camino que nos lleva a la desinstalación, nos conduce a apostar por los últimos, a compartir, no lo que nos sobra, sino lo que somos.

Porque solo así, abriendo la ruta del compromiso por el Reino que anuncia Jesús, seremos signos de lo que creemos. Seremos sus testigos, no nos quedaremos en nosotras mismas, sino que trataremos de vivir sus promesas, que dan sentido a todo y a todos.

Hermana Luci García