ADVIENTO:LA OBRA MAESTRA DEL CREADOR
IV jueves de Adviento. 24 DE DICIEMBRE
Santa María, por lo que ha tardado la Iglesia en proponer tu Concepción Inmaculada como verdad de fe, deduzco que tú misma desconocías la magnitud del privilegio que te ha concedido Dios al hacerte nacer sin pecado.
Sin embargo, ¿qué te movió a cantar “que el Poderoso ha hecho obras grandes en ti? ¿Cómo interpretaste el saludo del ángel del Señor cuando te llamó “Llenada de gracia”?
Si nosotros, que somos pecadores, tenemos atisbos del amor de Dios, de su paso por nuestra vida, a través de las mociones consoladoras que nos concede, ¿sentías tú algo especial en tu alma, que te hiciera intuir o percibir el derroche de gracia divina?
Me pregunto, también, si cuando nace un niño es muy frecuente que las comadronas y parientes saquen algún parecido a los progenitores, cuando diste a luz a tu Hijo primogénito, ¿te admiraste al ver en Él tu semejanza? Y si tu Hijo se parecía a ti, y tú fuiste hecha a imagen del Primogénito de toda criatura, el Verbo eterno, al ir creciendo el pequeño Jesús, ¿te descubrías en Él?
Si el relato bíblico de la creación narra que Dios hizo al hombre a imagen suya, varón y mujer lo creó, y según el apóstol san Pablo, Jesucristo es el Primogénito de toda criatura, el primero en todo, ¿tú, Virgen María, fuiste hecha por Dios como la criatura más perfecta y parecida a tu Hijo?
Al contemplarte, Virgen Inmaculada, no solo me dejas admirar la obra de Dios en ti, sino que al meditar lo que tú eres por gracia especial y como don único, te revelas como identidad rescatada por tu Hijo para toda la humanidad. Porque Dios ha querido hacerse hombre de tus entrañas, nosotros ahora somos también semejantes al Hijo de Dios.
Desde esta revelación, al igual que te ocurrió a ti, que desconocías hasta qué extremo estabas exenta de pecado, nos sucede a nosotros, cuando nos percibimos hasta qué punto Dios nos contempla semejantes a su Hijo único, tu mismo Hijo.
Virgen Inmaculada, quiero unirme a tu cántico, y bendecir contigo a Dios y proclamar sus maravillas, manifestadas en ti y prolongadas en toda la humanidad, gracias a la redención del fruto bendito de tu vientre, Jesucristo.
Proclama mi alma la grandeza del Señor. Proclama mi alma la misericordia divina. Proclama mi alma las maravillas del Todopoderoso. Porque ha querido hacerse en ti hermano nuestro, por haber sido redimidos, y llevar en nuestra identidad más íntima la semejanza del Hijo de Dios.
María, al mirar a tu Hijo, ¿quizá te reconociste en Él? Y al mirarnos a nosotros, ¿nos reconoces como hijos tuyos? Recuerda la herencia que te dejó Jesús en la Cruz: “Mujer, ahí tienes a tu hijo”.
Santa María, no abandones la obra que hizo con tanto amor en favor nuestro tu propio Hijo para que no destruyamos lo más noble de nuestra identidad humana. Ángel Moreno de Buenafuente

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