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HERMANAS MÁRTIRES, dominicas de la Anunciata


"Nadie tiene mayor amor que
el que da la vida por sus amigos"

 

Hablar de mártires es hablar de testigos. Testigos de Alguien por quien dieron sus vidas. Por eso, no se puede hablar de martirio sin hablar de amor, de un amor fiel, vivido perseverantemente a lo largo de la vida. De un amor que es más fuerte que la muerte.


En el martirio se unen dolor y gozo. Aunque parezca paradójico no se puede dar el uno sin el otro. Por un lado el dolor de sentirse acabado, sufriente, maltratado, y a la vez sentir el gozo y la alegría de saberse resucitado posteriormente con Cristo.
Es la mejor prueba de amor que se puede ofrecer: entregar la propia vida, y si es necesario darla hasta el extremo. Así supieron hacerlo nuestra Hermanas.


El Carisma y la obra emprendida por nuestro Padre Coll continúa a lo largo de los años, en la Iglesia, a través de mujeres que sintiéndose llamadas por Dios a seguirle y a anunciar su Evangelio, entregan su vida, hasta el extremo. Evidencia clara de esta entrega la tenemos y la celebramos en nuestras Hermanas Mártires, que supieron dar un "SI" radical al Señor, y son para nosotras estímulo de abandono en las manos del Padre y alegría de dar la vida por su causa.


La muerte podía haber sido evitada con la apostasía o la restricción mental, pero su opción fue la de los que están convencidos, la de los valientes, la de los héroes...
Hay ocasiones en la vida en que no valen las restricciones mentales, ni las sutilezas, ni los distingos, entre el más y el menos. Cuando se trata del bien o del mal, cuando se trata de optar por Cristo, sólo vale la adhesión total y plena de la libre voluntad humana a la voluntad divina, sólo vale el "SI" rotundo y definitivo sólo vale la constancia heroica hasta la muerte, hasta el sacrificio de la propia vida...

Nuestras Hermanas entendieron que en el seguimiento de Cristo no caben subterfugios, ni disimulos, ni evasivas. En la dura prueba se mantuvieron fieles.


El martirio no fue un accidente en su vida y en la de de tantos otros, es un signo sensible, un sacramento que corona una vida que ha sido un lento morir cotidiano por el Reino. Nuestras Hermanas y Hermanos Mártires, quisieron permanecer fieles hasta el fin. Fue la única alternativa que tomaron porque les apasionó el amor a Cristo y a su Iglesia.


Con su muerte nos están invitando a buscar y permanecer en aquella alegría del que se desgasta por el Evangelio, recordando que nuestra entrega por la causa de Jesús produce la vida en los que escuchan la Palabra.


Las Dominicas de la Anunciata rendimos un homenaje de gratitud y veneración por su heroicidad y valentía en defensa de la fe, a nuestras Hermanas:

Ramona Fossas Romans

Adelfa Soro Bó

Teresa Prats Martí

Otilia Alonso González

Ramona María Perramón

Reginalda Picas Planas

Rosa Jutglar Gallart

El Papa Benedicto XVI las proclamó BEATAS en la solemne ceremonia
de Beatificación de Mártires españoles
el 28 de octubre de 2007

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