Dominicas de la Anunciata
"La caridad y el amor de unos con otros no ha de ser solamente interior en el corazón, sino que se ha de mostrar en las palabras y en las obras"
San Francisco Coll

PRINCIPIOS GENERALES DE LA FORMACIÓN (Del Plan General de Formación)

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OBJETIVO GENERAL

Capacitar a la persona PARA RENOVARSE constantemente en el ESPÍRITU y CRECER así en la UNIÓN y CONFIGURACIÓN CON CRISTO, siendo en la iglesia y en el mundo testigo gozoso del Reino, según el carisma de las Dominicas de la Anunciata.

CRITERIOS GENERALES DE FORMACIÓN

  • La Formación debe ser integral e integradora atendiendo a la madurez de la persona en su ser único y ser relacional que se plenifica en la COMUNIÓN. Ha de ser un proceso íntegro, progresivo y permanente, orientándose toda ella a la unidad del fin. (cf. NL 140, 149)
  • La Formación en nuestra vida consagrada tendrá como fuente primigenia el Evangelio. El espíritu eclesial y dominicano, así como el de nuestro Padre Coll, nos darán un matiz peculiar en el Pueblo de Dios. (cf. NL 142)
  • La Formación ha de llevarnos a vivir en un constante dinamismo de conversión revistiéndonos cada día del hombre nuevo hacia la plenitud de Cristo. En El, nuestra vida logrará la coherente y armoniosa unidad entre contemplación y acción apostólica. (cf. NL 141, 144).
  • La Formación ha de promover la contemplación vivencial del misterio de la Anunciación a fin de que María -Virgen “oyente”, “orante” y “disponible”- modelo perfecto del discípulo de Cristo, lo sea en especial de toda Dominica de la Anunciata. (cf. Const. Fund. II, 143)
  • La Formación ha de preparar para asumir y perfeccionar progresivamente la misión congregacional dentro de la Iglesia y de este modo contribuir positivamente a la vitalidad de la Anunciata. (cf. NL 213, 228)
  • La Formación ha de capacitar para un discernimiento espiritual a fin de saber reconocer la presencia del Espíritu a través de sus mediaciones: personas, acontecimientos e historia.
  • La Formación tendrá en cuenta lo esencial y accidental de la vida religiosa en la Iglesia, la situación social, política, económica y religiosa de cada país, así como la mentalidad y características del hombre contemporáneo.
  • La Formación ha de llevarnos progresivamente a una autoformación, procurando que haya coherencia entre la Formación como proyecto y las actitudes de vida. (cf. NL 145).
  • El principal agente de la Formación es Dios mismo.
    • Cada hermana a la vez que es la primera responsable de su propia formación, debe sentirse responsable de la formación de todas y de cada una y exigirse una participación activa en la planificación, realización y evaluación del plan formativo.
    • No obstante, la integración de la tarea formativa, de manera directa e inmediata les incumbe a las prioras, a las superioras mayores y, en las etapas iniciales, a las educadoras. (cf. NL. 147, 148 y 149).
  • La verdadera Formación se logrará en una comunidad:
    • dinámica, que estimule y acompañe el proceso de maduración de la persona y favorezca su desarrollo espiritual;
    • inserta en la Congregación y en la Iglesia;
    • atenta a la problemática y realidad del mundo actual. (cf. NL 146)
  • El contenido de la Formación abarcará la dimensión humana, doctrinal, espiritual y apostólica, respondiendo a las exigencias del Magisterio de la Iglesia y de las iglesias particulares.
  • La Formación ha de tener siempre en cuenta los criterios fundamentales enunciados anteriormente.

En síntesis:

La Formación ha de ser: no directiva, integral, activa, abierta, creativa, continuada, actual, personalizada y personalizante, comunitaria, con una dimensión teologal cristocéntrica, mariológica, eclesial y dominicana.
Dominicas de la Anunciata

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